Una fe que se escapa de los templos

Dario Monsalve en el departamento del Cauca

Estas posturas sobre la fe parecen claras y definitivas hasta que se encuentran con la realidad. Muchos cristianos y cristianas, en su mayoría jóvenes estamos empezando a creer que este clamor lleno de esperanza que marcha por las calles y campos del país no es otra cosa que la imagen de Jesús que se nos presenta de nuevo predicando el arrepentimiento o mejor dicho la trasformación también en las calles y campos hasta ser asesinado por hacerlo.

Por Anderson Torres

Representante de Miqueas Joven Internacional

Los procesos de fe, las formas en las que aparece el creer en nuestras vidas, y todas esas pequeñas ideas que dan sentido al pasar de los días, son cosas que generalmente son asociadas a la religión o a las iglesias. Sin embargo, en las últimas semanas en las calles y campos de toda Colombia se hace escuchar un clamor lleno de fe, e imbuido por una esperanza transformadora, con la convicción de que todas las cosas terribles, criminales y en muchos sentidos inhumanas que ocurren en este país, solo tienen sentido si las cambiamos completamente.

¿Qué dios atenderá a este clamor? ¿Cuál de los gigantes que controla la voluntad y los deseos de miles de personas, a través de la televisión y los teléfonos, aparecerá para transformar lo que se resiste a ser transformado? Tal vez nadie tenga la respuesta a esa, entonces ¿Cuál de los todopoderosos quitara para siempre el hambre de la gran cantidad de familias vulnerables de este país? o ¿cuál de ellos se llevara la muerte? Esa que cobra a diario la vida de todos los valientes que levantan su voz por el rio, por la tierra o para que no los maten y puedan vivir tranquilos. ¿Cuál de todos esos que ostenta la autoridad delegada, la usará para responder con dignidad a quien se la delegó? De todos esos, yo creo que ninguno responderá. Solo nos queda nuestro Dios.

¿Qué tanto de esa fe que vive y se aviva en las iglesias, está saliendo a ser parte de este clamor de fe en las calles y campos? Tal vez no mucha, porque la fe que sale de la iglesia y se manifiesta en las calles y campos generalmente no hace parte de este clamor por el cambio de las condiciones sociales, económicas y políticas en las que viven gran parte de los colombianos, sino que se opone y se expresa como fe en la transformación de las vidas de esas mismas personas en un sentido espiritual y de su conciencia.

La pregunta que a la vista salta y que preocupa tanto a unos como a otros es, ¿Qué tiene que ver la fe en Dios con la fe en el cambio que exigen las protestas pacíficas? De entrada podríamos contestar que nada, ya que el dios cristiano, queramos o no, ha sido un símbolo de poder que se usó y se usa para abusar de muchas personas y al contrario de liberarlos de sus opresiones sociales, económicas y espirituales sirvió para reforzarlas. Por otro lado pensando en quienes realmente creen en Dios de una forma honesta y genuina, tampoco es que esté muy cercana la cosa, ya que para un gran sector del cristianismo la fe en Dios ocurre de forma personal y produce transformaciones espirituales que cambian la vida de las personas pero no el mundo en el que estas viven, o en muchos de los casos en el que sobreviven.

Estas posturas sobre la fe parecen claras y definitivas hasta que se encuentran con la realidad. Muchos cristianos y cristianas, en su mayoría jóvenes estamos empezando a creer que este clamor lleno de esperanza que marcha por las calles y campos del país no es otra cosa que la imagen de Jesús que se nos presenta de nuevo predicando el arrepentimiento o mejor dicho la trasformación también en las calles y campos hasta ser asesinado por hacerlo, nuestro Dios es un líder comunitario que movilizaba a sus amigos y conocidos hacia una vida distinta y posible. Así como él son asesinados también en los últimos días manifestantes en todo el país por lo mismo.

La foto que circula por las redes sociales de los sacerdotes y pastores de la primera línea, es la muestra de esa ruptura que empieza a agrietar los argumentos más sólidos que nos dividen. El hecho de que un grupo de “Hombres de Dios” decida levantar los escudos para proteger a los manifestantes que protestan pacíficamente, es la superación del egoísta deseo de tener un dios solo para nosotros los cristianos, o más bien para todos los que estén dispuestos a asumir ese nombre. Este hecho demuestra que el dios cristiano es dios de la vida y que no puede ser limitado a actuar en donde a algunos les parece que es correcto que se manifieste. Como los sacerdotes y pastores de la primera línea, estoy seguro que muchos cristianos desde su convicción de fe han salido a proclamar un Dios que sale a las calles y campos a jugársela toda contra el imperio una vez más.

Parece difícil aceptar que hay cosas más importantes por las que debemos luchar hoy que los pecados personales que nos dividen y que en últimas le corresponden solo a Dios. Para poder derrotar el pecado grade que nos corresponde a todos, ese que es opresión, codicia y muerte, aunque sus efectos no nos hayan tocado a algunos de nosotros, debemos hacerlo por amor a esos que sufren como si fuéramos nosotros mismos. Este es el mandamiento mayor, según el mismo Jesús y entenderlo así le da sentido a algunas de sus otras palabras dichas, como cuando dijo: Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí, la hallará. (Mateo 16:25).

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