La Escuela de Acción Noviolenta como un punto de partida

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“Me involucré con un proyecto en el barrio Santa María, zona metropolitana (de Barranquilla) en su área más vulnerable. Trabajo con madres cabeza de hogar y con niños de hasta 15 años. En estos barrios se ven muchos hechos de violencia sexual e intrafamiliar, parece que la comunidad no tiene esperanza. Siempre llevamos el mensaje desde la palabra, la Biblia, pero con el transcurso del tiempo y gracias a los aprendizajes en la ESAN, cambiamos el horizonte para llegar a esa comunidad. El desarrollo de esa escuela nos abrió los ojos a esas nuevas metodologías de llegar a enfrentar la violencia”.

Son las palabras de Luis Manuel Mesa, anciano gobernante, es decir, que por su experiencia y compromiso ha sido delegado para los procesos administrativos de la Iglesia Presbiteriana Comunidad Modelo en Barranquilla. Un hombre que, como él mismo se describe, está entregado a la docencia desde hace más de 30 años. Recientemente fue encargado de la escuela dominical infantil, un espacio para compartir el mensaje evangélico con los niños y niñas de los miembros de la iglesia, desde el canto, el juego y el símbolo, siempre contextualizando el mensaje de Jesús a los retos de estos tiempos.

Para Don Luis, la Escuela de Acción Noviolenta llegó como una sorpresa y un despertar. A pesar de que muchos de sus estudios y lecturas los basaba en las vidas de Ghandi, de Martin Luther King y de Jesús, nunca había visto esas vidas como procesos sociales de acciones noviolentas para confrontar las injusticias. “A pesar de que son mis ídolos, nunca había traslucido que su idea era pensar acciones sociales desde la noviolencia”. Ese despertar llegó cuando le propusieron hacer parte de la ESAN, a principios de 2019, en una entrevista, luego de presentar su postulación.

Según Luis, las preguntas que le hicieron lo comenzaron a confrontar con su propia vida y sus proyectos de iglesia. Muchas de las cosas que hace este hombre de 58 años, las basa en su propia experiencia de vida que ha sido para él, muy simbólica y significativa. Su infancia no fue fácil. La vida en los barrios populares en los que creció no ofrecía muchas alternativas, y menos para una familia de recursos económicos limitados. Durante varios años lo rondaron los problemas de pandillas, alcoholismo y tabaquismo.

Sin embargo, contar con la familia fue la salvación. Por eso para Luis, la familia es uno de los pilares fundamentales de la acción cristiana, y también es uno de sus principales objetivos, pues a ella debe estar dirigido su trabajo, a fortalecerla y unirla. En el barrio Rebolo de Barranquilla, según la memoria de Luis “Lo que más se vivía era el acercamiento de las bandas, repartir drogas, alejarnos de la educación y acercarnos a las drogas.

Afortunadamente la familia era muy unida y nos ayudó a superar esto, a pesar de haber estado incluidos en ese espiral”. Todas esas experiencias se ven presentes en la vida de Don Luis, en su compromiso social y eclesial. Por ello, el pertenecer a la ESAN fue un punto de inflexión muy importante. Una de las cosas que más reconoce, es la posibilidad que le ha brindado la escuela de sistematizar la experiencia. Es casi como sistematizar la vida y aprender de ella, mirar qué se logró, qué no se logró, evaluar los proyectos, corregirlos, hacerles relectura para que tengan más éxito.

Sobre la experiencia de sistematización en la ESAN Don Luis es muy claro. “Cuando 11 “Pensamos que se iba a acabar, y resulta que en la mayoría de los trabajos finales, nos damos cuenta de que el proceso no acaba y tenemos que ser multiplicadores. La ESAN es un punto de partida”. comenzábamos la ESAN, tratamos de llegar a una comunidad con unas dinámicas de criminalidad muy complejas. Lo primero fue darme cuenta de que no conocía la problemática, que tenía que inmiscuirme para poder entenderla.

Además, hay una línea muy delgada, en lo que es un victimario que nos entrega la información sobre lo malo que hace, y la manera en que uno lo escucha. De la misma manera cuando actuamos con la persona que es víctima. Tratar de llegar poco a poco a la reconciliación es una de las claves (…) no se trata tampoco de identificar el problema y buscarle la solución desde uno de los lados, sino mirar todo el panorama, no desde la barrera sino siendo parte”.

En mayo de 2020, cuando se despedían de los módulos diseñados y preparados para esta fase de la ESAN, el panorama se fue aclarando hacia el futuro. No solamente se trataba de un proceso de formación que serviría para la vida, sino de un proceso que sería continuo en la vida y seguramente de ello, darán fe su esposa Lilia Marina con quien se casó hace 36 años, su hija Alexsandra Marina, y sus hijos Luis Andrés, Luis Antonio y Jesús Alberto.

Para muchos de los y las integrantes de la ESAN en su nodo de Barranquilla, la experiencia de la ESAN, no solamente por su aporte conceptual, sino sobre todo experiencial, es un escenario continuo como la medicina. Eso es lo ganado en la ESAN. No hay salvadores externos que llegan con la solución, hay personas que viven y que sufren, y que desde ahí generan cambios. Una de ellas es Luis Mesa, el “pilo” del grupo. Luis reflexiona sobre la violencia como un espiral.

Entonces, la respuesta no es puntual sino continua, pues no solo se reproduce, sino que también se transforma, se esconde o se profundiza; unas veces es fácil de ver, otras veces es más complejo. La clave está en la continuidad del estudio y en la puesta en práctica. La clave está en el acercamiento, en el sentirse parte.

*Tomado de la Revista de la Escuela de Acción Noviolenta

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