Intercambio de experiencias de noviolencia desde los territorios. Participaron 21 personas

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El pasado 4 de noviembre DiPaz realizó un Intercambio de experiencias de noviolencia desde los territorios, vía Zoom y Facebook a las 6:00 p.m, con el objetivo de “hacer visible la labor que se hace desde el Diálogo Intereclesial por la Paz, DiPaz, y desde las organizaciones miembro, contando sus experiencias de acciones no violentas que llevan a cabo dentro de sus instituciones”, señaló Sara Ospina, integrante del Comité de Noviolencia de DiPaz y miembro de la organización ERUPAZ, que hace parte de DiPaz. 

Por Carolina Toro, DiPaz.

Bogotá, Cundinamarca. A las 6 de la tarde se dieron cita, vía Facebook y zoom, varios miembros de la Escuela de Acción Noviolenta de DiPaz para contar su experiencia de noviolencia desde los territorios. Las intervenciones arrancaron después de una emotiva bienvenida a cargo de Milciades Pua, Vicerrector de Investigaciones de la Corporación Universitaria Reformada, CUR.

“La Escuela de Acción Noviolenta (ESAN) surgió como un dispositivo de carácter pedagógico que permitiera realizar el propósito para el cual DiPaz se conformó, que es acompañar el proceso de paz y dar herramientas para la construcción de la paz, pero no solo para la membresía sino también para las comunidades en donde nosotros pudiéramos tener influencia. Fue un camino largo, ponernos de acuerdo, comenzar a diseñar la escuela, fue un acto maravilloso y generoso en participación. Al final pudimos construir una propuesta y presentarla en las diferentes regiones”.

Este encuentro es un acto de seguimiento al proceso que DiPaz inició en el 2019 y parte de 2020 en cinco regiones de Colombia, caracterizadas por la presencia de actores armados y hechos de confrontación. Esta experiencia ha logrado que sus participantes multipliquen la práctica de la acción noviolenta mediante ejercicios de acompañamiento a comunidades religiosas, procesos comunitarios rurales y en su propia vida cotidiana.

“La escuela terminó su proceso, los módulos con los cuales fue construida, pero quedó la construcción de amistad, de esperanza común en las regiones, distintos niveles de compromiso eclesial, de formación académica, de orígenes distintos de carácter denominacional que nos dieron una riqueza inmensa; y que hizo que la ESAN se volviera un referente de nivel de articulación de DiPaz, de la importancia del proyecto de DiPaz para nuestro país que hoy seguimos validando”, indicó Púa durante su intervención.

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Algunos participantes del encuentro de las experiencias de noviolencia desde los territorios. Foto: Carolina Toro, DiPaz.

Los testimonios de noviolencia

Escuchamos testimonios de gente que ha vivido muy de cerca el conflicto colombiano y que han podido superar el odio, la beligerancia y sienten la necesidad de construcción de paz. “Este no es un proceso terminado, porque la fe es viva, un dios vivió y viviente que se mueve en medio de situaciones, nuevas situaciones, que hemos aprendido, qué hemos logrado analizar”, señaló Púa quien le dio la palabra as la Iglesia Evangélica Luterana de Colombia (IELCO), la primera intervención de la noche.

Juan Pablo Álvarez, quien coordina uno de los proyectos dentro de la IELCO llamado Justicia y vida, abre su participación con una reflexión recogida en Santiago 3 -18: “Los que procuran la paz, sembrarán semillas de paz y recogerán una cosecha de justicia”. “Uno de los objetivos es contribuir con la construcción de paz a partir de la defensa de los derechos humanos inspirados en el ejemplo de Jesucristo y construcción de paz. Una experiencia de fe vivía que se manifieste en los vulnerables y más necesitados”.

Mencionó algunos de los principales proyectos que se realizan dentro de la iglesia como son: Apoyo a Migración Segura, Justicia y Vida, Casa de Paz, De la Guerra a la Paz y la Pastoral de Migrantes, entre otros, y que se desarrollan en ciudades como Medellín, Frontino, Sogamoso, Ibagué Villavicencio y Yopal. “Para mencionar algunas acciones de noviolencia tenemos la Escuela para la Paz y la Vida Plena, en donde formamos jóvenes en resolución de paz y conflicto, y también para ingresar a la educación superior. Nosotros vemos que la construcción de paz no solo es el cese del enfrentamiento armado, sino la garantía y defensa de derechos y uno de esos es la educación”, dijo Álvarez.

Asimismo, la IELCO apoya otros proyectos como Huertas y galpones, que busca empoderar a las mujeres y prevenir así la violencia. “La no violencia no solo es física sino también sicológica, patrimonial, y tratamos de prevenir esas violencias a través de que ellas tengan un ingreso que permita evitar estas situaciones. También hacemos talleres en los colegios para generar una conciencia de que este país es de todos y todas así que debemos poner un granito de arena para construir la paz”, precisó.

“La paz solo puede durar donde los derechos humanos son respetados, donde la gente se alimenta y donde los individuos y naciones son libres”, y señaló que “la noviolencia no significa inacción, quedarse callado, no es ausencia o imparcialidad; por el contrario, significa una serie de acciones en favor de los derechos humanos, de la justicia social y de la construcción de paz”.

Por su parte José Carlos Beltrán, de la Universidad UniCatólica, de la ciudad de Cali, nos compartió lo que se está haciendo desde allí y cuál es la contribución de la academia. Habló de cómo se articula la ciencia con los movimientos que están promocionando la paz en Colombia. “Los movimientos de paz están muy esparcidos. Nos damos cuenta de que la paz es un concepto que reúnen, es un punto de convergencia en el cual se mezclan en la práctica todo lo que hemos aprendido de la humanidad de ser humanidad (…) Si no buscamos la paz nos vamos a autodestruir”, indicó.

“Este análisis histórico nos da luces sobre cuáles son los caminos de la construcción de paz; y el ejercicio académico nos conecta con un discurso que nos permite ordenar la información, y construir un proyecto colectivo urgente para seguir abonando el camino de la paz. (…) Desde la universidad se ha hecho un análisis dividido en tres entregas. La primera. Es reconocer y profundizar cuál ha sido el papel de la iglesia católica en la construcción de la paz. La segunda, de la Guerra y la paz, tiene que ver con la labor de los obispos en 150 años de historia. Y la tercera, es la participación de los laicos, en donde se reúnen seis experiencias significativas de paz para ver cuáles son los caminos que se han recorrido para la construcción de paz.

Beltrán se detuvo en esta tercera etapa de análisis para indicar cuales fueron las experiencias significativas de paz. Estas son: San José de Apartadó, el Magdalena Medio, Campesinos del rio Atrato, Comunidad de Trujillo (Valle del Cauca) y Barrios de Paz en Medellín y Cali. Se analizaron varios factores somo son las diferencias económicas de un país, la raza y la etnia, género, derechos humanos, defensa del territorio, religión – cultura, economía – buen vivir, organización social y la ecología. 

Al final de su intervención se dio un intermedio musical con la canción portuguesa Recogemos lo que plantamos (A gente colhe o que planta). “Hace más de dos mil años un hombre vino a la tierra para enseñarnos la fuerza del amor” es el verso que algunos de los asistentes cantaron al son de la guitarra del profesor Beltrán.

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Letra de la canción Recogemos lo que plantamos, interpretada por el profesor José Carlos Beltrán y coreada por los asistentes. Foto: Carolina Toro, DiPaz.

Otras voces que enriquecen

Nohemy Jiménez nos comparte lo que se ha venido haciendo desde los territorios por la construcción de paz en la región del Urabá. Esta experiencia se resume en una cartilla llamada El duelo un fenómeno invisibilizado en mujeres de iglesias víctimas del conflicto armado, en donde se trata el tema del duelo en sus diferentes etapas; la reconciliación y la noviolencia desde el enfoque de género; devela el impacto del conflicto armado en las mujeres de fe; el acompañamiento pastoral que han recibido; algunos testimonios de las víctimas y los procesos que han posibilitado la convivencia y la reconciliación en las vivencias de estas mujeres.

Esta obra recopila los testimonios de mujeres víctimas del conflicto armado en la región de Urabá, que fueron recogidos a través de la realización de talleres con mujeres que perdieron seres queridos y cuyo duelo no fue resuelto, y que pertenecen a las Iglesias Presbiterianas de Apartadó, Currulao, Chigorodó y Turbo.

Este producto contiene algunos ejercicios prácticos que podrían ser utilizados como primeros auxilios de atención a mujeres víctimas del conflicto, y se plantea como un instrumento de trabajo dentro de las comunidades de fe.

En este mismo orden de ideas, del Antiguo Espacio Territorial de Capacitación y Reincorporación (AETCR) de Tierra Grata, Oscar Fabian Pineda, nos cuenta sobre la sistematización de experiencias que se realizó en este espacio y sus zonas aledañas. Este es un relato que constituye un ejercicio de reflexión entorno de la reconciliación y la noviolencia. Recoge los sentires, las vivencias y las vicisitudes de este espacio. Asimismo, se evidencia el compromiso de los hombres y mujeres que habitan este lugar por la construcción de una paz estable y duradera.

El libro evidencia el compromiso con la paz y los avances que esta comunidad ha venido logrando desde finales del 2016 hasta mediados de octubre de 2020, y está dividido en cuatro partes. La primera, contiene los objetivos, el marco teórico y la metodología. La segunda, narra los momentos más importantes vividos por esta comunidad. La tercera, muestra los resultados encontrados en estos cuatro años. Y la cuarta, contiene un valioso anexo fotográfico.

“Si quieres disfrutar la miel debes enfrentarte a las abejas. Nosotros tenemos una firme convicción de paz y seguiremos apostándole a ella porque creemos que le hace mucha falta a este país”, indicó Pineda al finalizar su intervención.

Milcides Pua señaló que este es el primer encuentro en donde se comparten algunas experiencias de noviolencia, pero que no va a ser el último. “Traer estas primeras experiencias de no violencia, no quiere decir que estas son las experiencias mejores o más importantes, son solo algunas de ellas y estaremos en otros espacios compartiendo muchas más que se han realizado desde los territorios”.

De esta manera se dio paso a las dos últimas intervenciones. La primera, la realizó Otoniel Yule, quien habló de los procesos de sanación que se ha vivido en Toribió, Cauca, en donde varias personas se han convertido al evangelio y son ejemplo vivo de la transformación. “Es algo bonito y satisfactorio ver el cambio de vida de personas que han vivido la guerra y como estas están construyendo paz con el propio ejemplo”.

Y la segunda, estuvo a cargo de Carolina Cháves, de la Fundación Wajaro, quien nos habló de la experiencia de noviolencia que se vive desde las comunidades con las que la Fundación trabaja, en donde se está manejando un nuevo lenguaje que permite ir construyendo paz desde las comunidades indígenas como Mizak, Nasa, Wayuu y la red de líderes indígenas cristianos.

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