Escuela de Acción No Violenta: “una resistencia ética frente al mal”

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Entrevista producida en colaboración entre ESAN-DIPAZ y ALC Noticias.
Tomado del sitio ALC Noticias

Dialogamos con el pastor y profesor Milciades Pua, coordinador del área pedagógica de la plataforma DIPAZ-Diálogo Intereclesial por la Paz, a través de la Escuela de Acción NO violenta-ESAN.

ElDiálogo Intereclesial por la Paz de Colombia (DiPaz), es un proceso que está animado por representantes de iglesias y organizaciones basadas en la fe que han venido participando y articulándose durante los últimos cinco años en procesos sociales y acompañando comunidades que trabajan en la construcción de paz con justicia desde la acción noviolenta, la búsqueda de verdad y justicia que facilite el camino hacia una verdadera reconciliación en Colombia.

¿Cómo surge la ESAN?

La idea de tener un componente pedagógico de Dipaz, y especialmente crear una escuela de formación, se da desde el inicio de la Plataforma porque había convicción profunda que un proceso de paz que habíamos transitado, habíamos acompañado nacional e internacionalmente, necesitaba un componente pedagógico que pudiera explicar al pueblo cristiano hoy, a la membresía, los alcances del acuerdo que en ese momento se desarrollaban en La Habana y también explicar es de la visión cristiana porque estábamos acompañando el proceso de paz. Allí surge, teniendo en cuenta que muchas de las organizaciones de Dipaz hacen labor educativa, ya sea en las iglesias, en la formación de liderazgo comunitario y las universidades que la componen. Este es el germen de la Escuela.

¿Cómo se asume este reto de hacer de la no violencia un estilo de vida en medio del proceso de paz pero con tremendas violencias aún en los territorios?

Te cuento que son procesos hasta de ruptura en términos personales. Yo vengo de la tradición reformada que en algunos momentos de la historia reivindica la resistencia hacia la injusticia, y resistencia que incluso en algunos momentos tuvo acciones políticas concretas en países de Europa y en otros lugares, como se vio incluso en la independencia de Estados Unidos. Un poco fue la ruptura de saber que es posible la resistencia desde la no violencia, que invita a pensar que hay caminos no violentos. Vivimos en un país violentado exacerbadamente, que ha llevado los límites a algo que nadie puede pensar, como la forma en que la vida era desvalorizada, la forma en que se resolvían los conflictos, etc. Somos una sociedad violenta, ya que no solo se dio en el marco de la guerra y las contraofensivas del estado, sino también en la vida diaria que se vio afectada, por lo que alcanzamos niveles de intolerancia que llevaron a muertes en el conflicto y también en lo cotidiano, en la seguridad ciudadana.

Nosotros y nosotras reflexionamos que la iglesia, siendo un lugar donde se puede aglutinar diferentes visiones- incluso políticas-, diferentes apreciaciones para la interpretación del texto bíblico, puede ser un lugar de convivencia en medio de la diferencia. De este punto partimos: la iglesia no puede reproducir los mismos patrones de violencia que la sociedad en su conjunto está reproduciendo. La iglesia tendría que convertirse en un espacio de no violencia. Por eso optamos por la NO violencia como una resistencia ética frente al mal.

¿Cuántas personas y quiénes son las que se han formado en la Escuela?

Este es un proceso de selección que hicimos dentro de las organizaciones de Dipaz, que trabajan en distintas comunidades. Cuando hicimos estos dijimos “tiene que ser algo bien abierto porque debe ser una apuesta de Dipaz para el servicio de las organizaciones de fe y las iglesias, independientemente que sean o no miembros de la Plataforma”. Abrimos una convocatoria donde más de 200 personas se inscribieron, de esas 200 pusimos como criterios que fueran personas muy comprometidas con comunidades de fe, trabajando en territorios y que tuvieran experiencia comunitaria para adentrarse en un proceso largo de formación- de entre 12 y 18 meses-teórico practico, donde el crecimiento se da en la medida de las reflexiones que se hacen. Se eligieron 198 personas para arrancar.  Ahora hay 165 personas que finalizaron este proceso de formación, con bajo índice de deserción, dándose ella por razones de índole laboral o traslados, no por problemas con los contenidos.

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Grupo de ESAN Barranquilla (Dipaz)

¿En qué se nota esa formación en los territorios, sobre todo en zonas con mucha violencia, como Cauca y otros?

Las personas han dado testimonio de lo que significó la escuela (habrá un material escrito), ellos dicen que hay un antes y un ahora de ese proceso. En lo personal, muchas estaban con relacionamientos marcados por las violencias, y ahí se empezaron a operar cambios y muchas se convirtieron en agentes mediadores frente a conflictos, de varios ordenes, desde los familiares, comunitarios, hasta participar en procesos de paz, en denuncia de violaciones a DDHH, en acompañamiento a víctimas, en el acompañar procesos de reincorporación, de seguimiento del acuerdo, cosas que no hacían antes. Incluso se encontraron participando en marchas, identificándose como escuela de acción de violenta, y mucha gente dice: “nunca pensé que los cristianos debíamos salir a las calles, a manifestarnos pacíficamente a favor de los derechos de los vulnerados, del liderazgo social asesinado”; como ves, se van produciendo cambios.

Otro caso, tenemos un pastor que es director de una radio comunitaria y ha reproducido los contenidos de la Esan como que fuera una escuela radial y la comunidad se organizó realizando una actividad por el 25 de noviembre, día de no violencia hacia las mujeres. Se ven cosas como esa: cambios de actitudes y de prácticas.

¿Cuáles son los retos actuales de la escuela, cómo reorientar en tiempos de pandemia, pero también de guerra?

Esto cambia lo que teníamos en mente. Teníamos otro escenario para la finalización y un seguimiento más tranquilo, no en este panorama. Las mismas personas integrantes decían “qué va a pasar después, como seguiremos”, etc. Y ya desde el inicio preparamos un seminario de profundización con la Escuela de Justicia Comunitaria de la Universidad Nacional para darles herramientas más prácticas a 50 personas del grupo. Así ellas se conocieron, porque tenemos cinco módulos diferentes territoriales, con personas que vienen de distintos niveles educativos, etarios y religiosos. Esto creo una gran empatía en el grupo y se sistematizó haciendo un proceso multiplicador de los contenidos. Ya tenemos “pequeñas ESAN” en los territorios con materiales de Dipaz, como la cartilla para tiempo de Coronavirus compartida hace unos días.

Ahora vamos a terminar los tres módulos que tenemos: Barranquilla, Montería y Cali, y debido a que no podemos encontrarnos vamos a usar las plataformas virtuales para que hagan la presentación de sus trabajos y a través de esas mismas herramientas virtuales estaremos acompañando el seguimiento de los proyectos de cada una de las personas. Esperamos que entre noviembre y enero (depende cómo evolucione la situación sanitaria) podamos tener encuentros presenciales para fortalecer las herramientas y evaluarlas. Estamos cada día en contacto con alumnado de la escuela, aun cuando Apartado y Medellín ya terminaron sus aprendizajes.

  • ESAN está estructurada como un diplomado que va de 160 a 220 horas en total (HTP + HTI).
  • Cada participante deberá tener una asistencia mínima del 80% de la totalidad de las horas.  
  • Al finalizar recibirá una certificación de asistencia expedida conjuntamente por la Fundación Universitaria Bautista, Corporación Universitaria Reformada y Universidad Pedagógica Nacional.
  • Las personas participantes en la ESAN deberán presentar un trabajo final que puede ser: organización, planeación y participación como ponente en un foro regional; elaboración de cartillas o materiales didácticos de educación (incluye guías litúrgicas) para la Paz y acciones noviolentas o un ensayo que articule los saberes compartidos durante el desarrollo de la Escuela.
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