El papel de la religión en los procesos de (re) inserción social

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La experiencia en Colombia: Dipaz y la construcción de paz.

Por: Milton Mejía, profesor de la Corporación Universitaria Reformada –UniReformada–, miembro de Dipaz y ejecutivo de proyectos de Qonakuy.

Foro de la iniciativa “Explorando Caminos”[1]

Agradezco la invitación a compartir sobre este tema desde la experiencia en Colombia, lo cual haré a partir del trabajo que hemos realizado desde finales del siglo pasado en varias iniciativas de colaboración eclesial y ecuménica. La más reciente es el Diálogo Intereclesial por la Paz –Dipaz–, organizado en el contexto del inicio de los diálogos entre el gobierno colombiano y la exguerrilla de las FARC en el año 2012, y en este mismo tiempo con el ELN.

Inicio indicando que en la violencia que hemos vivido por más de medio siglo en Colombia, los imaginarios y símbolos religiosos cristianos han jugado un rol importante. Se puede afirmar que todos los actores del conflicto que generan violencia han usado símbolos e imaginarios cristianos. En las guerrillas hubo y hay presencia de cristianos que han optado por las armas como una forma de vivir su compromiso cristiano, los paramilitares utilizaron nombres y símbolos de la biblia para asesinar y desplazar a millones de campesinos y líderes sociales, y las pandillas de sicarios al servicio de los narcotraficantes se encomiendan a Dios y a la virgen antes de salir a asesinar a sus víctimas. En el ejército y la policía se bendicen las armas que son utilizadas para esta guerra. Muchos cristianos aún consideran al expresidente y exsenador Álvaro Uribe como un mesías por acabar con la guerrilla.

Contra Uribe (2002-2010) hay investigaciones por conformación de grupos paramilitares y porque durante sus gobiernos fueron asesinados y presentados como bajas en combate miles de jóvenes que no eran de ningún grupo armado. Los cristianos (católicos y evangélicos/pentecostales) que siguen a Uribe votaron en contra del Acuerdo de paz entre el gobierno de Juan Manuel Santos y las Farc en el plebiscito realizado en 2016 por razones religiosas relacionadas con la inclusión de temas de derechos humanos en género y sexualidad. Los cristianos evangélicos crearon un partido político y lograron tener cuatro representantes en el actual Congreso, los cuales son parte de la coalición del gobierno y hacen planes para elegir un presidente en las próximas elecciones. En este contexto, la pregunta que se hace en este foro es muy pertinente.

¿Cuál debería ser el papel de las iglesias en la reconciliación de una sociedad que aún se está recuperando de la guerra civil y que tiene que afrontar un eventual proceso de reconciliación con grupos criminales que han matado a miles de personas, cuando las cárceles están llenas de esta gente?

Creo que es necesario reconocer que lo religioso viene siendo valorado de otra forma en los últimos años, en la región y a nivel global. En la agenda 2030 se valora lo que las Organizaciones Basadas en la Fe -OBF- pueden aportar al desarrollo sostenible y los partidos políticos de todas las corrientes han empezado a incluir a líderes o grupos cristianos entre sus militantes o a hacer alianzas con ellos. Creo que esto responde a la realidad que vivimos en una cultura en la que el cristianismo católico ha tenido una gran influencia que hoy se disputa con iglesias neo-pentecostales, especialmente en Latinoamérica.

En esta perspectiva se ubica el aporte y esfuerzo de las iglesias pentecostales en El Salvador, en promover la desistencia (reinserción social) de personas que hacen parte de grupos armados. Estamos de acuerdo con que esto no se puede hacer solo a partir de una experiencia de conversión cristiana personal, sino que necesita estar acompañado de otras medidas y dinámicas sociales, económicas y políticas. En esta perspectiva, desde la experiencia y aprendizaje que hemos tenido en Colombia, creo que valdría la pena considerar que es necesario trabajar en los siguientes aspectos:

  • Dado que nuestra cultura tiene una gran influencia cristiana, es necesario transformar los imaginarios guerreristas y violentos que esta religión ha instalado en nuestra forma de pensar y actuar. Para lograrlo, necesitamos un proceso de reeducación que influya en toda nuestra cultura, ya que estos imaginarios de violencia han definido las relaciones entre los seres humanos y con la naturaleza. Desde Dipaz hemos iniciado un proceso de educación en derechos humanos, perspectiva de género, búsqueda de justicia y la no violencia que permita superar estos imaginarios sin renunciar al aporte que los cristianos podemos hacer a la transformación social. Para este propósito, Dipaz cuenta con el apoyo de la Unión Europea y de organizaciones de cooperación ecuménica en el desarrollo del proyecto “Avanzando en una sociedad éticamente mejor preparada para asumir los compromisos en construcción de paz”.
  • Como parte de este proyecto también trabajamos la incidencia política en la que incluimos el trabajo nacional e internacional para el cumplimiento del Acuerdo de paz. La incidencia permite hacer la separación entre la participación política partidista, que está al servicio de un grupo que se organiza para llegar al gobierno, y el trabajo por una sociedad con conciencia y participación política que busca el bien común, especialmente el de los grupos más vulnerables. La incidencia da herramientas para que las iglesias, en su trabajo de diaconía, tengan mayor impacto aportando en la construcción de políticas públicas que benefician a toda la sociedad y que hagan sentir su voz profética anunciando esperanza y denunciando el mal de quienes gobiernan.
  • El trabajo de Dipaz recoge la experiencia histórica de las iglesias que se han convertido en santuarios de paz: las comunidades de paz y resistencia en zonas afectadas por la violencia donde participan diversos grupos entre los cuales hay indígenas, afros, campesinos y personas de las ciudades que los acompañan en la defensa de sus derechos y el de los territorios. En estos espacios no se permite la presencia de ningún actor armado. En ellos trabajan de manera conjunta cristianos, personas con otras religiones y quienes se consideran sin religión, y se redefinen las relaciones entre sus miembros y con la naturaleza a partir del respeto mutuo y la no violencia. Con estos criterios, hoy estamos acompañando a excombatientes en varias regiones de Colombia que son parte del Acuerdo de paz en territorios que han sido asignados para el proceso de reinserción a la vida civil.

Estas experiencias y trabajo están permitiendo redimensionar el rol de las iglesias como impulsoras de nuevas dinámicas personales y sociales en la construcción de paz. Para lograr esto, hemos aprendido que necesitamos una buena formación teológica acompañada de las ciencias sociales y humanas que nos ayudan a entender y dar seguimiento a los procesos de transformación social y personal o, como llamamos las iglesias, la conversión.

En este proceso es clave promover una imaginación ética y moral, así como una espiritualidad de respeto a la dignidad de todas las personas, la valoración de la diversidad humana y cultural, el cuidado de la creación, y la no violencia en todas las relaciones entre los seres humanos y con las diversas formas de vida que hay en la naturaleza.

También estamos construyendo una narrativa diferente que incluye lo religioso, en la que se facilitan procesos de colaboración y articulación multi e intersectorial que permiten avanzar hacia un pacto social que supere una sociedad fragmentada. En este proceso es clave promover una imaginación ética y moral, así como una espiritualidad de respeto a la dignidad de todas las personas, la valoración de la diversidad humana y cultural, el cuidado de la creación, y la no violencia en todas las relaciones entre los seres humanos y con las diversas formas de vida que hay en la naturaleza.

Necesitamos involucrar en estos procesos a comunidades con sentido de pertenencia que establezcan una nueva relación con sus territorios en el campo y la ciudad, y personas jóvenes como sujetos de nuevas dinámicas de vivencia de lo religioso, de inclusión, construcción de identidad y sostenibilidad, y una seguridad humana y social que rompa con los imaginarios de control y violencia.

En esta perspectiva, las iglesias y organizaciones religiosas tienen el desafío de crear programas sociales o de diaconía con una estructura administrativa que les permita mantenerse y hacer seguimiento a los planes. Esto debe incluir la perspectiva bíblica y teológica y el apoyo de las ciencias humanas y sociales para hacer un trabajo que sea reconocido y tenga impacto. De esta manera, podrán acompañar dinámicas locales y comunitarias que promuevan santuarios o comunidades de paz, en los que el sujeto social local construye nuevas formas y contenidos de convivencia entre quienes participan para la creación de modelos restaurativos que permitan transitar hacia la reconciliación, la cual debe tener un fuerte componente de género, inclusión y búsqueda de justicia social y ambiental.

[1] Este Foro se estableció entre USAID y el PNUD para explorar y encabezar una respuesta más innovadora y holística al fenómeno de las pandillas en El Salvador. Organizan una conversación sobre un tema clave cada dos semanas e invitan a actores del gobierno, la academia y la sociedad civil a escuchar y luego discutir. Esta jornada del jueves 22 de octubre el tema fue: el papel de la religión en la esfera pública y en lo que respecta a la seguridad, fue liderada por ACT y donde además participaron Carlos Rauda, Coordinador de ACT para ALC y Kenneth Mtata, secretario general del Consejo de Iglesias de Zimbabwe.