Brisas necesita tierras para seguir avanzando en su apuesta de paz integral

Río del AETCR de Brisas

Este 24 de marzo DiPaz, el Diálogo Intereclesial por la Paz y Paz y Esperanza acompañaron el Antiguo Espacio de Capacitación y Reincoporación  (AETCR) de Brisas, en el  municipio de Carmen del Darién, Chocó, con el objetivo de conocer los avances en reconciliación y reincorporación desde las iniciativas que impulsan los firmantes de paz para mantener vivo el espíritu colectivo y territorial del Acuerdo Final de Paz. Son varios los impactos positivos en la comunidad.

Por Carolina Toro

Brisas, Choco. El calor es abrazador a pesar de que ventea un poco. Se siente el rumor del río y se escucha el ruido de una que otra lancha que pasa. Las plataneras nos dan la bienvenida. Están por todas partes, son parte del paisaje, de la economía, de la vida y luchas de sus pobladores, y desde hace cuatro años del antiguo ETCR (Espacio Territorial de Capacitación y Reincorporación), que parece suspendido en el tiempo. Las horas pasan rápido mientras recorremos el lugar y escuchamos con atención a Adriana, quien habla de las preocupaciones, los logros, las transformaciones y la esperanza que ella y otros 75 firmantes del Acuerdo Final de Paz tienen en Brisas, en donde viven desde que pactaron la paz con la ilusión de un cambio para el país.

Nos cuenta que la principal preocupación es el incumplimiento del Gobierno en lo que tiene que ver con el acceso a tierras. “(…) acá seguimos en arriendo y cuando le hablamos al Gobierno de comprar otras tierras, siempre nos dice que son muy caras y que por allá no. Queremos, a través de la cooperativa Comuagro, que tenemos, juntar los 8 millones de cada uno para comprar aquí, pero nada que llega ese dinero”, nos explica mientras seguimos caminando.

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Recorrido por las casas del AETCR de Brisas. Foto: Carolina Toro. DiPaz.

Con una amplia sonrisa nos habla de los proyectos productivos que impactan favorablemente a la comunidad. El más significativo es la piscicultura a través del cultivo de la tilapia roja. Este proyecto surgió con el objetivo de mejorar la seguridad alimentaria y generar actividades comerciales entre ellos y las comunidades vecinas. Tienen cinco estanques, tres de ellos funcionan con energía solar.

“Nuestro problema es que a veces nos quedamos sin luz y eso afecta el trabajo, Además la comercialización es difícil (…) no hemos podido, lo vendemos en las comunidades aledañas así que no es mucho lo que queda. Hemos pedido apoyo del Gobierno pero no hemos podido avanzar, pero ahí seguimos intentándolo”, asegura.

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Tienen otros proyectos más pequeños como la siembra de pepino cohombro, la cría de 200 pollos de engorde y la plantación de plátano. Con este último no han podido concretar su ambicioso plan de cultivar 40 hectáreas por falta de tierras. La AETCR solo tiene diez. Su comercialización también ha sido difícil ya que el precio por carga en el mercado, es de siete mil pesos por cada cien plátanos.

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Cría de pollos dentro del antiguo ETCR de Brisas. Foto: Carolina Toro. DiPaz.

Uno de los desafíos más grandes es la vivienda digna. Habitan en casas provisionales que se construyeron cuando llegaron al territorio, pero que después de cuatro años y cuatro meses se han convertido en viviendas permanentes y ahora están muy deterioradas. “Estas casas eran para seis meses y ya van cuatro años, imagínense, llueve más adentro que afuera. Además, cuando intentan arreglarlas es más el daño que se hace porque las tejas ya están muy gastadas y muchas terminan rotas”, asegura.

“Desde la comunidad han propuesto que cuando llegué el dinero que el Gobierno piensa darle para los proyectos productivos (los ocho millones) mejor que sean invertidos en un proyecto de vivienda colectiva, pero de eso tampoco se ha concretado nada y no todos están de acuerdo”, comenta Adriana, quién continúa diciéndonos que ellos siguen firmes en lo pactado. “Pese a los incumplimientos seguimos firmes (…), tenemos la esperanza de vivir tranquilos y construir entre todos una paz estable y duradera”.

Los retos que llenan de esperanza

Ya hemos almorzado y el sol no da tregua. Nos sentamos en el comedor y seguimos charlando mientras Adriana, balancea a su hija en la hamaca. Nos cuenta que ya han empezado a echar raíces y que quieren seguir construyendo la paz con ayuda de todos. “Al principio no fue fácil, nos tenían miedo, pero este estigma se ha venido venciendo y se ha generado una confianza con las comunidades aledañas para hacer cosas juntos y seguir construyendo la paz en los territorios, reparar a las víctimas, darles una nueva vida a los excombatientes y estabilizar esta región tan afectada por la violencia”, asegura.

“Ellos (las poblaciones aledañas) se han beneficiado de todos los proyectos que han llegado aquí al territorio como es salud, porque antes no tenían, capacitación porque la comunidad también participa en los talleres y los programas técnicos que dicta el SENA, de las vías de acceso porque se han mejorado con nuestra llegada y de los procesos productivos. Además, en el tema educativo; acá muchos ya han sacado el bachillerato de ambas partes”, comenta.

La permanencia en el territorio va aumentando los retos. Uno, conseguir la construcción del jardín para niñas y niños, con la supervisión del ICBF, en donde también puedan estar los hijos de las mujeres de las poblaciones aledañas. Dos, consolidar el taller de confecciones con la participación también de la comunidad. Tienen 8 máquinas, pero en el momento solo trabaja una persona.

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Sendero dentro de las casas de Brisas. Foto; Carolina Toro, DiPaz

En diálogo de DiPaz con la comunidad de Santa Lucía, que tiene 350 habitantes, Yodilis Herrera Martínez y Marledis Bravo Martínez, nos explicaron esto:

  1. ¿Qué beneficio les ha traído a ustedes el AETCR de Brisas?

YHM: Pues a nosotros nos ha beneficiado mucho, nos han aportado su confianza. Siempre que hemos necesitado sacar a las personas por motivos de salud nos han colaborado. Y con el tema de las capacitaciones, el poquito de entendimiento que yo tengo de todos estos temas de paz lo he adquirido aquí.

MBM: Para mí también ha sido bueno. Hemos tenido mucho apoyo de esta comunidad, hemos salido adelante, hemos tenido experiencia, nos han colaborado mucho con proyectos; más que todo en el tema de salud.

  •  ¿Y antes cómo era el tema de salud en la zona?

YHM: No había nada. Pero ahora, nosotros estamos dentro de la red que se llama Salud para la Paz y gracias a ese espacio y a ser integrantes de esta red, nos ayudan a sacar las personas vulneradas, nos hacen brigadas de salud. Es todo muy bueno y es porque venimos acá.

NBM: Si, ese tema ha mejorado mucho. Además, nos han dictado taller de mujeres empoderadas y eso nos ha servido para exigir más cosas. Nos sentimos respaldas.

  • En cuanto a los proyectos productivos, ¿ha habido alguna vinculación por parte de la comunidad a esos procesos dentro del AETCR?

YHM: Si, hemos participado, pero ha sido de a poquitos porque muchos no se pueden dar. Nosotras lo que hacemos es que cuando se hacen reuniones comunitarias siempre replicamos lo que aprendemos para que todos caminemos en el mismo sentido. La gente es bien, entiende, es receptiva y le ha perdido el miedo.

  • ¿Cómo ha sido la relación con los firmantes de paz?

YHM: La relación con los excombatientes pues al principio venimos extrañadas y con un poco de temor, pero se nos dio la oportunidad de estudiar mujeres empoderadas, nos vinculamos más con ellas, compartíamos tiempo, ellas nos aportaban, fue muy bueno, ya estamos metidas en el cuento.

NBM: Si, nosotras valoramos mucho este espacio. Acá nos dimos cuenta de que todas somos mujeres, que ellas son como nosotras; comunes y corrientes. Han sido víctimas. 

  • ¿Y cómo están los temas de acueducto, energía, educación, vivienda?

YHM: No tenemos acueducto. La energía si está avanzada con la EPM, pero todavía no la tenemos. Tampoco hay soluciones en tema de vivienda. Acá hay mucho abandono.

Estas actividades se realizan en el marco del proyecto «Avanzando en una sociedad éticamente mejor preparada para asumir los compromisos de construcción de paz -JUSTAPAZ»  con el apoyo de la Unión Europea, en su compromiso con la Sociedad Civil Colombiana. 

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