Ruta de la reconciliación en el Caribe colombiano: Crónica Pastoral

Milton jóvenes Ruta de la reconciliación en el Caribe colombiano: Crónica Pastoral

Por: Milton Mejía, pastor Iglesia Presbiteriana de Colombia y Vicerrector Extensión de la Unireformada.

Tuve la experiencia de participar de la “Ruta de la Reconciliación” que ha iniciado Dipaz en Colombia e hizo su Quinta parada en el Caribe los días 17 y 18 de noviembre de 2020 en la Verada Tierra Grata, antiguo ETCR, en el Cesar. Esta Ruta de la Reconciliación es presentada como un camino lleno de esperanzas y de acciones de paz realizadas por quienes están en proceso de reincorporación, personas privadas de la libertad, jóvenes, mujeres y hombres, iglesias y organizaciones de fe que le han apostado a la vida. Según Dipaz, esta Ruta incluye 11 iniciativas que son fruto de procesos iniciados, incluso, antes de la firma del acuerdo final de paz entre el gobierno y las FARC que han avanzado en medio de las dificultades que presenta la coyuntura de nuestro país.[1]

Su Quinta jornada en el Caribe fue para mí un tiempo de alimentar esperanzas e inspirador donde cerca de 40 personas jóvenes mostraron que el futuro de nuestro país no es seguir repitiendo ciclos de violencia que ha producido tanto odio y muerte en Colombia. En esta se acompañó un encuentro, producto de un proceso, liderado por jóvenes de las veredas de Manaure, San José de Oriente y Tierra Grata en el Cesar que vienen trabajando en un proceso de reconciliación entre ellos y en construir una mejor convivencia con la naturaleza. De esta manera buscan avanzar en el reconocimiento mutuo, valorar el respeto a la diferencia y a la tolerancia, impulsando acciones, que permitan afianzar relaciones entre estas comunidades y remarcando la importancia del cuidado al medio ambiente.

Siembra Ruta de la reconciliación en el Caribe colombiano: Crónica Pastoral

La jornada inicio la noche del 17 de noviembre con un acto cargado de muchos símbolos, testimonio de reconciliación y esperanzas de convivencia en paz organizada por la Plataforma de Juventud de Manaure, Cesar, con el apoyo de Dipaz, donde los participantes de las tres veredas reconocieron y se pidieron perdón por la forma con se estigmatizaron unos a otros. Un Joven, compartió que aun cuando no pudo votar por ser menor de edad promovió el voto por el no en el plebiscito, contra el acuerdo de paz. Otro joven, hijo de una excombatiente, manifestó que en la región se han estigmatizado entre ellos acusándose de ser parte de diferentes grupos armados y pidió perdón por la violencia que en el pasado generaron sus padres cuando estaban en la guerrilla.

Las personas jóvenes que participaron dieron testimonio que al ver y realizar el trabajo conjunto que hacen excombatientes, lideres de las comunidades y miembros del ejército por el bien del municipio les ha hecho comprender el valor del acuerdo de paz para detener la violencia que vivían e iniciar procesos de reconciliación, por lo que hoy están comprometidos para que los actos de violencia y estigmatización del pasado no se repitan en su región. Como señal de este compromiso de construcción de paz y reconciliación intercambiaron una antorcha como símbolo de mantener su proceso encendido como parte de un trabajo conjunto entre excombatientes, jóvenes hijos de la paz y líderes de las comunidades. A Dipaz la entregaron un hermoso cuadro donde explicaron lo que significa la Plataforma de Juventud de Manaure y nos invitaron a seguir acompañando este proceso.

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[1] https://dipazcolombia.org/la-ruta-de-la-reconciliacion-ya-esta-en-marcha/

Esta noche de apertura estuvo llena de símbolos y testimonios de reconciliación, y anunciaron que la jornada del 18 de noviembre durante la mañana nos dedicaríamos a la simbra de árboles como compromiso de una acción donde se evidencie que es posible el trabajo conjunto por la paz y la reparación. La Plataforma de Juventud de Manaure invito a excombatientes en proceso de reincorporación, autoridades del Municipio, a miembros del ejército y la policía a una jornada de siembre de 50 arboles a orillas del Rio como señal de reconciliación y reparación al daño que han producido a la naturaleza.

Me emocionó que, en la mañana siguiente excombatientes, miembros del ejército, policías y autoridades del Municipio de Manaure habían respondido a la convocatoria de la Plataforma de Juventud y cada persona participante empezó a tomar en sus maños un árbol. Uno de los excombatientes con un árbol en una de sus manos y una pala en la otro explicó que habían escogido sembrar este tipo de arboles ya que ayudaban en la retención del agua y serían sembrados en lugares donde otros arboles ya habían cumplido su ciclo de vida como un acto de reparación a la naturaleza. Entonces iniciamos una caminata donde cada persona llevaba un árbol en sus manos, otras llevaban palas para cavar los chuecos donde serían sembrados los árboles y vi a los miembros del ejército y la policía que ubicaron sus armas de tal manera que les permitiera usar sus manos para cargar el árbol y luego cavar donde este sería sembrado. Entonces recordé el texto de Isaías 2:4 que dice: “Dios juzgará entre las naciones y decidirá los pleitos de pueblos numerosos. Ellos convertirán sus espadas en arados y sus lanzas en hoces. Ningún pueblo volverá a tomar las armas contra otro ni a recibir instrucción para la guerra (DHH).

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Pensé que estaba viviendo una experiencia donde la esperanza de este texto bíblico empezaba a hacerse realidad. Por invitación de la juventud quienes usaban sus manos para cargar armas para la guerra, las estaban usando para cargar arboles y azadones para sembrar arboles como una forma de reconciliarse entre ellos y de reparación a la naturaleza. Antes de iniciar la simbra dimos gracias a Dios y de acuerdo con lo que hemos aprendido de los pueblos indígenas pedimos permiso a la Madre Tierra para sembrar los árboles.

Me emocionó que, en la mañana siguiente excombatientes, miembros del ejército, policías y autoridades del Municipio de Manaure habían respondido a la convocatoria de la Plataforma de Juventud y cada persona participante empezó a tomar en sus maños un árbol.

De esta manera iniciamos la siembra, entre excombatientes y miembros de ejercito o la policía hacían el trabajo de cavar el lugar y luego una persona sembraba el árbol diciendo palabras donde recordaban una víctima del conflicto y hacían compromisos para seguir trabajando por la reconciliación y la paz. Recordamos a muchas machas personas que han sido víctimas de las diversas formas de violencia que ha generado el conflicto en nuestro país y nos queda la sensación y la esperanza que en Colombia es posible una Ruta de la Reconciliación en la cual, convocados por las nuevas generaciones y los sectores que no desean seguir en esta guerra, podemos caminar y trabajar juntos y juntas para lograr que superemos la estigmatización de quienes son diferentes en su forma de pensar y vivir y usemos nuestras manos solo para sembrar paz.Arboles Ruta de la reconciliación en el Caribe colombiano: Crónica Pastoral