Una vida de transformación: la vida del pastor Elkin Pereira en su paso por la Escuela de Acción No violenta (ESAN)

Foto Elkin Pereira Una vida de transformación: la vida del pastor Elkin Pereira en su paso por la Escuela de Acción No violenta (ESAN)

Elkin Pereira Barba, pastor, líder social y víctima del desplazamiento forzado, es uno de los participantes de la Escuela de Acción No violenta en Apartadó. Un pastor entregado a su familia, a su iglesia y a la comunidad que lo vio sufrir, pero que también lo ve con el compromiso en alto, con el entusiasmo, la lealtad y la claridad de una persona que, como él mismo lo señala, es enemigo de la injusticia.

El ser humano debe ser tratado dignamente, con respeto, por eso es que soy enemigo de la injusticia” relata, aunque reconoce que al hablar de sí mismo siempre se habla de lo bueno. De todas maneras, varios de sus compañeros dan cuenta de ello. Es un pastor lleno de disciplina y con un alto nivel de sensibilidad, muy participativo, y es un apoyo incondicional para los demás integrantes de la ESAN y del equipo de DiPaz. “Eso se le nota” señala Luis Fernando, integrante del equipo de DiPaz.

El ser humano debe ser tratado dignamente, con respeto, por eso es que soy enemigo de la injusticia

En 1995 con 21 años de edad, su familia y él sufrieron el desplazamiento de su finca ubicada en la vereda San Andrés de Tulapa del municipio de Turbo en Antioquia, en una operación de las Autodefensas Unidas de Colombia, AUC. La finca, que era en su mayoría reserva forestal, fue devastada. Primero, se posesionaron los paramilitares y posteriormente, los ganaderos la convirtieron en potrero. Un hecho muy doloroso, pero también de muchos aprendizajes.

Debido a ello, muy “joven e inexperto”, comprendió que la violencia viene de muchas partes y afecta a muchas personas. Sintió que ese dolor no lo merece nadie más, y se empeñó en que su familia, con su esposa y sus dos hijos, no tuvieran que pasar por lo mismo pero que tampoco hicieran parte de quienes producen la violencia.

Con el paso del tiempo y con la convicción de que esos dolores no se pueden repetir, ni para él mismo, ni para nadie, se convirtió en Pastor de la Iglesia Presbiteriana de Apartadó y comenzó varios procesos de formación en los que ha tenido la posibilidad de comprender más el conflicto y las razones de la violencia que azota a quienes habitan el Urabá.

A sus 45 años, el pastor Elkin, con muchas ganas de aprender, entró a la ESAN sin saber mucho de ella, pero estando muy seguro de que debía atender el llamado. No dudó en aceptar la invitación. Sabía que sería un proceso de formación, con un diplomado, y que llevaría un tiempo de un año y medio. No sabía más. Con el paso de los módulos y de las charlas, fue comenzando un proceso de encuentro con el grupo, con otras experiencias, con otras formas de pensar que le fueron generando llamados personales, familiares y sociales y que ahora, una vez terminado, le deja varios aprendizajes que ha reconocido durante su proceso.

“Hay un hecho importante de ese proceso. Yo tengo un hijo de 14 años, desde los 8 quería ir al ejército, decía que quería servirle a la patria, vivía con ese anhelo. Dentro de mí, que he visto que los grupos al margen de la ley han sido muy malos, que también he visto corrupción y maldad en la Policía y el Ejército, pensaba que ese no podía ser el camino.

-Mijo esa no es la forma de servirle a las personas, hay otros métodos. Le decía casi con el corazón en la mano.

Lo llevé a charlas de paz y reconciliación, lo involucré con las cosas que hacemos en la Escuela de Acción No violenta, le mostré la realidad y hoy piensa diferente.

Es una de las formas en que he tratado de aplicar lo que he aprendido. Desde la familia, desde la casa de uno. No queremos esa violencia para los jóvenes, para la gente que quiere salir adelante. Ni que les pase a ellos, ni que ellos la provoquen para otros”

Y es que para el pastor Elkin, como para casi el 90% de las personas que habitan el Urabá, la violencia ha sido un factor que les ha marcado. Mucha gente ha tenido que vivir la violencia, sufrirla e incluso hacerla. Dieciocho (18) masacres y miles de muertes en la década de los 90 no son poca cosa para una región tan llena de alegrías y de color.

Una de las realidades de la violencia en la región a la que Elkin se ha acercado, es la desaparición forzada, concretamente la experiencia de las víctimas de Pueblo Bello, en el corregimiento de Turbo. Allí, el 14 de enero de 1990, paramilitares secuestraron, desaparecieron y asesinaron a 43 campesinos. Luego de 30 años solamente se han conocido indicios de lo que sucedió con diez (10) de ellos, todos hombres; del resto no se sabe nada, y no hay asomo de justicia o verdad para sus familias.

En ese camino de las víctimas, Elkin ha tenido la oportunidad de acercarse, contribuir, y sensibilizarse acerca de este tipo de crímenes,  y una de las cosas que señala, en las que la ESAN le ha aportado a ese proceso social, es la manera en que las propias víctimas le enseñan a caminar. No solamente se aprenden conceptos, sino que también se aprende de las prácticas y de los hechos concretos.

“Cuando se conmemoraron los 30 años de los desaparecidos de Pueblo Bello, me sorprendió algo que también me enseñó muchas cosas. En este momento ninguna de esas personas víctimas dijo que querían que alguien fuera a la cárcel; lo que dijeron, es que quieren que las familias, sus hijos y sus desaparecidos, puedan estar en paz. No están señalando a nadie, aun sabiendo quiénes fueron, pero sin el deseo de señalar a nadie”.

Otra de las cosas que describe la experiencia de Elkin, es que a sus 46 años de edad reconoce que la violencia nos traspasa a todos y está dispuesto a cuestionarse a sí mismo. Una capacidad que vale la pena cultivar en estos días.

“Pensamos que la violencia sólo la hacen los que tienen las armas o los fusiles, pensamos que la violencia es de ellos, pero la violencia puede ser una palabra, cohibir a las personas a que sean libres, colocar dogmas. Necesitamos todo el apoyo, la fuerza, desde todas partes para lograr el sueño que parece imposible, pero que podemos lograr, esas son las transformaciones que queremos.”

Al evaluar su experiencia de este año y medio en la ESAN, Elkin es concreto. Esta no es una conclusión solamente, es una conclusión que termina en reto. “La guerra no es la solución, las armas, la venganza, no. La solución está en el reconcilio y el perdón, desde dentro. La ESAN ha sido un espacio muy poderoso y ha sido muy importante en los liderazgos de muchas personas en Urabá. Tiene que seguir creciendo, evolucionando y transformando”. 

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El pastor Elkin Pererira Barba partió a la presencia del señor este 6 de Octubre de 2020, luego de casi tres semanas de luchar por su vida. Su testimonio en la Escuela de Acción Noviolenta, en su iglesia y en su comunidad es testimonio de Vida.