Quinto Domingo de Cuaresma: La muerte no puede tener la última palabra

Cuando Jesús llegó, se encontró con que hacía ya cuatro días que Lázaro estaba en el sepulcro. Betania estaba cerca de Jerusalén, como a quince estadios; y muchos de los judíos se habían acercado a Marta y a María, para consolarlas por su hermano. Cuando Marta oyó que Jesús venía, salió a su encuentro; pero María se quedó en casa. Y Marta le dijo a Jesús: «Señor, si hubieras estado aquí, mi hermano no habría muerto. Pero también sé ahora que todo lo que le pidas a Dios, Dios te lo concederá.» Jesús le dijo: «Tu hermano resucitará.» Marta le dijo: «Yo sé que resucitará en la resurrección, en el día final.» Jesús le dijo: «Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá. Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente. ¿Crees esto?» Le dijo: «Sí, Señor; yo he creído que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, que has venido al mundo.»

Juan 11:17-27

En el evangelio para hoy tenemos un relato particular: Lázaro el amigo querido de Jesús ha muerto, sus hermanas lo lloran. Jesús parece no haberlo tomado tan en serio lo que pasaba y al acercarse a la familia han pasado 4 días de su fallecimiento. Jesús llora. Cuando la muerte se acerca es difícil todo se cambia y nuestras emociones y sentimientos colapsan. La muerte siempre trae incertidumbre y angustia ya sea la muerte natural o la muerte violenta.

Estamos en tiempo de incertidumbre y la muerte nos rodea. No solo por la pandemia que nos ha desafiado como humanidad, sino también por las muertes cotidianas, desde las causadas por la violencia general que se cierne sobre quienes defienden la vida, hasta la muerte ocasionada por la violencia sistémica que mantiene en el abandono a la mayor parte de las poblaciones, pasando por las violencias cotidianas que condenan niños y mujeres permanentemente.

Y cuando la muerte parece ser el final de la historia, Jesús nos desafía:

Yo soy la resurrección y la vida;
el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá.
Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente. ¿Crees esto?

En momentos de mayor incertidumbre somos llamados a creer. La muerte no puede tener la última palabra. Es tiempo de poner nuestra mirada de nuevo en aquellas razones para enfrentar la muerte. Creer en Cristo es creer que la vida saldrá victoriosa. Es asumir un proyecto colectivo que nos lleve, no solo a una supervivencia biológica, sino a una vida plena, Vida abundante en palabras de  Jesús. Creer es hacer que la vida valga la pena ser vivida.

Oración.  Ante la muerte, señor, no nos quedaremos llorando. Con la fuerza de tu Espíritu asumimos el reto de seguir luchando para que las señales de tu reino sean visibles para todos y manifiestas en nuestra vida. Creemos, Señor, ayudanos en nuestra incredulidad. Amén

Por John Hernández

Pastor de la Iglesia Luterana de Medellín